Resultado de tus busquedas

Juan Kancepolski. En la soledad y el silencio

La vida es viaje. Movimiento perpetuo sobre aguas profundas rodeadas de infinito, a veces tormentosas, a veces calmas. El viajero ha de construir su barca y, como cada nave ha de ser única, según la singularidad de cada viajero, no hay modelo. La construcción será un trabajo tan arduo como delicado. El viajero irá despertandosu discernimiento, poco a poco, para percatarse de lo esencial. La barca habrá de alcanzar el adecuado equilibrio entre fortaleza y levedad.Ciertamente, no hay seguridad ni certeza respecto a que la barca llegue a terminarse, ni de que, aun terminada, el viaje pueda hacerse. Habrá barcas que no salen, barcas que se pierden, que naufragan, entre las que tocan, su tierra soñada. La única garantía, quizá, sea la obstinación del viajero y la claridad de su visión. Por ello, el viajero –constructor, exigido de atención, concetración, inspiración, tendrá que aprender a comunicarse con dos formidables aliados: la soledad y el silencio. De lo contrario, ¿cómo desarrollar la sensibilidad necesaria por lo ambiguo, impredecible y aun caótico de los desafíos? ¿Dónde encontrar empeño y destreza para arriesgarse, para exponerse al fulminante encuentro con lo inesperado de sus propios sueños? Sin duda... en la soledad y el silencio. El retiro cotidiano o periódico se imprescindible para desprenderse de la rémora y, al volver o al empezar a verse, en verdad reconocerse. ¿Cómo saber, si no, quién decide, quién discierne el proceso de la creación? Y la voz de la inspiración, que pasa por el alma, es demasiado queda, demasiado sutil. ¿Cómo escucharla salvo en la profundidad que trasciende los sentidos, en el corazón mismo del silencio? Por otra parte, la economía de las distracciones, de comunicaciones innecesarias preservarán la preciosa energía del fuego interior. De lo contrario, ¿cómo afrontar con sensata pasión el reto de la tela desnuda, de la página en blanco o del bloque de piedra? Por todo esto, entendemos que, el auténtico artista, es quien anima cotidianamente la metáfora del viaje. Su disciplina instrumental es su barca. Su tela, el océano, el espacio de su creación. La obra culminada... el dichoso acto de tocar y besar su verdadera tierra, el país, la morada de sus sueños.
Cierro los ojos e imagino a seres como Juan Kancepolski poblando enormes espacios blancos de formas y colores para describrir, para descifrar el verdadero sentido de su travesía artística y de los llamados de sus múltiples visiones.
La intrepidez del artista, su atrevida inmersión en la temida soledad y en el temible silencio, actos signados tanto por la abnegación como por la pasión, nos alientan respecto a nuestros propios viajes, y alimentan nuestra esperanza en medio de tanto naufragio.

Juan Kancepolski. La elocuencia del infinito

El arte tiene la posibilidad, el privilegio -acaso el deber- de mostrar, tal vez revelar (o "rebelar") los intersticios, los matices ocultos de aquello que cotidianamente se entiende por realidad. En tiempos implacables para con la sensibilidad, tiempos que priorizan la estrategia a las pulsaciones y las pulsiones, el grito de batalla al susurro erótico, las armas a los teoremas, tiempos en que la mirada colectiva sucumbe hipnotizada en masa al constante devenir de un "videograph" de televisión recorriendo el pie de las imágenes de un lado a otro de la pantalla, recorriendo el mundo para sellar mensajes en la mente del observador incauto. En estos tiempos difíciles como los del poema de Brecht, la obra de Juan Kancepolski adquiere una dimensión insoslayable, oportuna en su riqueza invaluable de una suma de detalles que ofician como salvoconductos para una lectura visual impulsada por la más amplia y absoluta libertad de interpretación por parte del espectador.
La superposición danzante de formas y texturas compone una inspirada partitura de sorprendentes acordes de colores y perspectivas, en un laberinto amable donde nada es lo que parece y todo parece lo que es. Kancepolski, en cada uno de sus óleos plenos de un paradójico movimiento que detiene el tiempo en un instante irrepetible, deviene portavoz, profeta, emerge como artista singular que comunica parábolas en imágenes, pero que al mismo tiempo transmite mensajes que no necesitan de traducciones complejas, sino que se "escuchan" en el plexo, que embriagan con la suave complacencia del "mareo de tierra" luego de un viaje en barco, y que a la vez, desde una cierta apariencia onírica, en realidad despiertan zonas inexploradas de la capacidad de apreciación de los pliegues más intrincados de la percepción. Otra sutileza, emparentada directamente con la celebración, es su capacidad para "pintar nuestra aldea" con una paleta de alcance universal, subrayando la identidad nacional con el "foco" de un observador ajeno, pero enamorado de lo que ve. Su +Homenaje a Buenos Aires+ (página par) resume, condensa y a la vez enciende rasgos, acentos, nostalgias y comprobaciones, que movilizan emociones en las que el ojo y la mente se convierten en simples palillos de ese instrumento de percusión de lo más humano de lo humano llamado "corazón" o "alma".

Enigmas y símbolos en la obra de Juan Kancepolski

Pintura sugestiva sustentada en un dibujo preciso, que le sirve como estructura de la composición: elaborada a partir del contrapunto, de la sucesión, del juego, de la yuxtaposición y hasta de la superposición de planos. Auténticamente personal; decantación de una trabajo medular y prolongado, donde los ritmos sutilmente trabajados con transparencias y fondos facetados estructuran el especial clima de fantasía que domina cada obra.
Esa poesía, lograda a través de un rigor constructivo, inspirada en lo más profundo de su ser, le permite a Juan Kancepolski trabajar cualquier tema sin perder la cohesión y unidad de su obra, manteniendo siempre un colorido que va enriqueciéndose al descomponer cada color hasta el límite de los matices.
Y en esas variaciones, y en esos ritmos obtiene una profundidad que nos transporta de particular manera hacia una atmósfera irreal, cuasi espacial.
En su larga trayectoria pocas fueron las oportunidades en las que expuso. Su fuerte autocrítica lo restringe, y sólo ante invitaciones muy especiales lo hace. Seleccionado por la galería Rubbers, presentó su primera muestra individual en 1977 en Espacio Rubbers. Integró la exposición inaugural de las nuevas salas de Witcomb y presentó sus obras en Punta del Este, Montevideo, Israel, Francia, Estados Unidos.
Comentaron sus obras conocidos críticos: Eduardo Baliari, León Benarós, Angel Bonomini, Romualdo Brughetti, Aldo Galli, César Magrini y otros. No es extraño entender, por todo ello, que obras suyas sean requeridas permanentemente en otras latitudes.

Juan Kancepolski. Un maestro del laberinto de espejos

Lujuria de imágenes enigmáticas, transbordantemente matizadas. Poemas musicales que hablan de razón y ensueño, impulso y suave contención. Infinitas alternancias, dialéctica sensorial profusamente elaborada...
El trayecto artístico de Juan Kancepolski es el eterno escurrirse por un sisífico laberinto de espejos. Reflejos e la imponderable inquietud de su mundo interior, que incesantemente se confronta y se manifiesta, a través de un panteón de íconos eidéticos, con la maravillosa y brutalmente absurda realidad del mundo exterior.
Producción estupendamente onírica, sutilmente formal. La perplejidad que ese mundo exterior produjo sobre su universo sensible de artista, ya en sí enriquecido por la presencia de un pensador y un daimón indomables, constituyó una obra hoy cristalizada, sólida, dotada de personalidad y esencia absolutamente propias.
Todo el universo de impactos cognocibles, propiciados por una memoria ancestral, remota, podría mani-festarse de manera desordenada, en una pura construcción artística algo fauvista. Pero en Juan Kancepolski la creación artística respeta la benéfica función de la sabia disciplina interior. Pincelada tras pincelada, descubrimiento tras descubrimiento, visión artística tras visión minimalista, cada mar de percepciones se filtra en gotas de expresión estética. Una obra constelación de enigmas.
En Juan Kancepolski no hay espacio para la inmadurez del hacer artístico, él sabe que la humanidad necesita avanzar rumbo a la expansión de su conciencia ética, si no su registro histórico permanecerá farsa. El sabe que inspiración artística sin método, sin una ratio estética, es devaneo romántico definitivamente superado. El sabe que el arte actual, habiendo conquistado su total enmancipación, puede y debe retornar, rescatar y restaurar, sin miedo de “n’être pas absolument moderne”.
Laberintos, espejamientos, infinidad de matices: ludicidad, secuencia de insights, paciencia: plegaria. Hay ciertamente una religiosidad subyacente, que es la de un alma artística que no podría contentarse apenas con el ideal del ego y sus frutos vinculados a la pretensión del éxito.
Plegaria, aquí habla de ejercicios de paciencia y de amor, ciertamente no de torpor místico, o mimetismo religioso.
Las telas de Juan Kancepolski nos invaden seductoramente con su maravilloso juego de facetas, reflejos, profusión temática - y por la sobriedad de la disciplina subyacente. Lo femenino, el eterno femenino atravesando todo, ablandando la obsesión, volatilizando la rigidez de lo mental. Lo femenino en su astuta magia, aquí en forma sonora inmanente, allí por el llamado sensual sí libidinoso, a través de un extasiantemente sabia altenancia cromática.
El artista Juan Kancepolski tiene algo de mago, malgré lui même, y sabe, por conocimiento e impul-sión, que el ideal de la genuina obra de arte es el fortificante impacto estético que retira a la conciencia común de su devalorizado estado mental, transfi-riéndolo hacia los planos superiores, y otros, más cercanos al verdadero amor, sin sentimentalismo, y a lo lúdico, sin infantilismos, y a la postura ética, sin hipocresía.
Una obra de arte que en su conjunto se afirma cada vez más, paciente y soberanamente, dejando rastros luminosos, ya sea en Brasil, en Uruguay, en Estados Unidos, en Europa o Israel, y ahora, en una magnífica exposición en suelo patrio.

Juan Kancepolski. Una inmersión en las aguas de los sueños

En tanto languidece el encanto de nuestro entorno y las urgencias ignoran las necesidades del alma, lugar de acceso a la trascendencia, el arte alimenta la esperanza. Y, a veces, pareciera que sólo el arte. Aún entre las victorias improvisadas y efímeras de los servidores del marketing, el artista auténtico mantiene la rara legitimidad del arte, la defiende y la preserva.
Hace más de veinte años que conozco a Juan Kancepolski. Entonces, él empezaba a sorprender y deslumbrar con su obra. Obra que había emprendido a través de muchos, muchos años de concentración y silencio. Con la firme voluntad de crear y trabajar sin la menor prisa por mostrar. Como un monje laico cuidando la sacralidad de sus instrumentos, de sus colores, de sus tópicos a los que sería fiel hasta ahora mismo, sin el menor interés por el suceso prematuro. Sólo cuando consideró que su pintura maduraba y se planificaba comenzó a presentarla. Pero de una manera casi tierna, como un padre mostrando sus bellos hijos a los amigos. Humildemente maravillado por la creación; la creación posible.
Como un nauta de las profundidades, Juan Kancepolski explora y descubre el infinito en su océano interior. Y, luego, lo manifiesta. Entonces, por unos instantes sin medida, la contemplación se convierte en una inmersión en las aguas de los sueños, capturando con delicadeza una especie de memoria de otra memoria aún más evanescente, indicadora de un posible camino hacia el corazón de la belleza.
Juan Kancepolski. Una inmersión en las aguas de los sueños (Angela Cáceres. Montevideo. Uruguay. 2000)

En tanto languidece el encanto de nuestro entorno y las urgencias ignoran las necesidades del alma, lugar de acceso a la trascendencia, el arte alimenta la esperanza. Y, a veces, pareciera que sólo el arte. Aún entre las victorias improvisadas y efímeras de los servidores del marketing, el artista auténtico mantiene la rara legitimidad del arte, la defiende y la preserva.
Hace más de veinte años que conozco a Juan Kancepolski. Entonces, él empezaba a sorprender y deslumbrar con su obra. Obra que había emprendido a través de muchos, muchos años de concentración y silencio. Con la firme voluntad de crear y trabajar sin la menor prisa por mostrar. Como un monje laico cuidando la sacralidad de sus instrumentos, de sus colores, de sus tópicos a los que sería fiel hasta ahora mismo, sin el menor interés por el suceso prematuro. Sólo cuando consideró que su pintura maduraba y se planificaba comenzó a presentarla. Pero de una manera casi tierna, como un padre mostrando sus bellos hijos a los amigos. Humildemente maravillado por la creación; la creación posible.
Como un nauta de las profundidades, Juan Kancepolski explora y descubre el infinito en su océano interior. Y, luego, lo manifiesta. Entonces, por unos instantes sin medida, la contemplación se convierte en una inmersión en las aguas de los sueños, capturando con delicadeza una especie de memoria de otra memoria aún más evanescente, indicadora de un posible camino hacia el corazón de la belleza.

Juan Kancepolski. Muestra original en Brasil

Después de participar de la exposición “Contrastes y Parcerías” durante el mes de Octubre en el Instituto Cultural Brasil-Argentina, patrocinada por Cancillería Argentina, el pintor el pintor Juan Kancepolski decidió que una de sus telas pasara a formar parte del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. El destacado crítico de arte Jesualdo Correia destacó la musicalidad que el pintor argentino expresa: “Por ritmos de extraordinaria dinámica y conciencia estructural de positiva humanidad, entrelazamientos espiralados, cubistas, los elementos vegetales metamorfoseados en rostros y cuerpos sensuales sibilinos”. Para este crítico “Homenaje a Buenos Aires” e “Imagen de la selva” causan impacto. La primera dice es una tela de impactante “charme” e incuestionable originalidad, de índole misteriosamente pasional y evocadora. “Imagen de la selva”, destinada al M.A.M. es al mismo tiempo desconcertante y sublime; un gigantesco rostro enigmático, telúrico, surge en medio de una lujuriante vegetación tropical, matices de una coloración primordial. Su “Consagración de la primavera”, otra de sus telas, de contrastes violentos y rítmicos, dedicado a Stravinsky, sugieren vivencias primitivas, propias de la floresta amazónica. “La vida”, obra de vigoroso cromatismo y de delicada fascinación, planos y transparencias, belleza estructural y exquisita sensibilidad; todo ello es arte de primer nivel, todo eso es el artista Juan Kancepolski.

El arte de Juan Kancepolski seduce y fascina

Heredero de la tradición cubista por la descomposición de la imagen en facetas y también del constructivismo geométrico, el pintor Juan Kancepolski viene creando una obra singular. Sus telas de grandes dimensiones, poseen la funcionalidad de los mosaicos y vitrales. De los fragmentos cromáticos brota un impresionante conjunto visual, donde la figura humana y la naturaleza se funden en una poética y transparente simbiosis. La estructura de la composición de la obra de Kancepolski, se convierte en ritmos y movimientos únicos, como en una partitura. Una musicalidad explícita, hace que muchas de sus telas sean homenajes a los grandes de la música: Bach, Mozart, Beethoven, Debussy, Stravinsky, Schömberg. La presencia constante de la mujer, emociona y remite a mitos y simbologías ancestrales. Maestro además de los tonos bajos, casi monocromáticos, Kancepolski crea ámbitos espaciales por donde fluye la fantasía y la imaginación. Absolutamente original el artista está hoy presente en las más prestigiosas colecciones públicas y privadas. Su arte seduce y fascina.

El Pintor Juan Kancepolski en Río

Homenaje a los grandes músicos: Bach, Mozart, Beethoven, a Buenos Aires, a la floresta amazónica, son parte de los temas del pintor Juan Kancepolski. Con esta gran muestra realizada en las salas de exposición del Instituto Cultural Brasil-Argentina de Río de Janeiro, por invitación de la Cancillería y en el Consulado argentino, pudo mostrar todo el vigo de una obra espectacular, basada en una concepción pictórica de imágenes estructuradas y contenidos expresivos. Ante nuestro requerimiento el artista nos manifiesta: “Mi temática está inspirada en una realidad que a veces puede confundirse con los sueños, ya que dada su complejidad no permite una definición estática, sino dinámica y mutante”. Kancepolski opina que “el estilo, la técnica personal, solo se conquista con esfuerzo e independencia de criterio“, y se considera un pintor autodidácta. Las obras de este creador han sido expuestas en numerosos países con gran éxito y recibieron el reconocimiento de los más renombrados críticos internacionales. Esta magnífica exposición está compuesta por unos veinte cuadros de gran formato que confirman sus bondades, poseen auténtica originalidad y ejercen tan poderosa atracción que resulta difícil dejar de contemplarlas. Asombrado por la belleza brasileña, Kancepolski nos expresa: “Es una poderosa fuente de inspiración”.

Juan Kancepolski en Río

Todo un suceso resultó la exposición que nuestro compatriota Juan Kancepolski termina de presentar en las Salas del Instituto Cultural Brasil Argentina, en Río de Janeiro, uno de cuyos aspectos, el de la sala habilitada, ofrecemos en esta nota.
Favorable en amplitud fue el eco de la crítica, y de entre ella extractamos un párrafo del comentario que Jesualdo Correia expresó en Jornal do Commercio: “...la musicalidad que el artista argentino expresa por ritmos de extraordinaria vivacidad, conciencia estructural y de positiva humanidad...”. Agreguemos que otra de las consecuencias de la exposición fue que una de sus obras quedó incorporada al Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.

Lo sensorial integrado a lo vital

Un primer reclamo visual-plástico se revierte a lo sonoro-musical al contemplar las grandes obras pictóricas, grandes en dimensión y en profundidad creativa, de Juan Kancepolski. Ese reclamo provoca una metáfora lingüística por una concepción asociada a lo sonoro al afirmar que la obra plástica de este creador es una verdadera música para los ojos del contemplador.
La citada "orquestación" también dice de la necesaria y sensible organización de los medios plásticos para culminarlos en sutiles configuraciones plenas de sentido esencialmente rítmico.
Sabe Juan Kancepolski, y lo sabe a ciencia cierta, que la visión plástica-estética reclama una profunda reflexión mental que penetra en lo sensible ya que el vocablo estética alude en origen a lo sensorial, se entiende, integrándose a lo vital vivido, encarnado, para hacer germinar lo propio del Arte.
Ese origen senso-perceptivo-mental, tan magníficamente provocado en Kancepolski desde su fértil mundo imaginante se cumple en cada obra. Es fácil advertirlo al contemplar sus expresiones las cuales, no dudo, son productos de una necesaria meditación no ajena a posibles angustias ya que nada, en Arte creativo, es lanzado al acaso de lo fortuito.Este preciso control pone en relieve que Kancepolski no admite escisiones entre lo sensible y lo inteligible, entre la metáfora viva y el símbolo testigo. Estas escisiones tan predicadas por un nihilismo actual que llegó al arte, felizmente, está dejando de producir frutos negativos por un "despertar" a la percepción que está lejos de todo extraño desmontaje.
Por lo antedicho, el verdadero plástico como el que nos ocupa, se apoya en la experiencia de lo efectivo comprobable por una eficaz puesta en acto. Así el empleo estructurante de los "contrastes" - oposiciones que hacen a la esencia del ver- junto a las "transiciones" cohesionantes por sus ritmos y arabescos que generan el movimiento sugerido pleno de vida operante. Si unimos a esto su rigurosa articulación de los factores "predominantes" por destaque y los "dominantes" con vistas al efecto tonal de valores sabremos en profundidad lo que está palpitando, por evidencia de presencia, en su magnífica obra.

Juan Kancepolski y sus enigmáticas figuras

Pinturas para gustos cultivados, son los cuadros del pintor Juan Kancepolski, que pertenecen a la colección S.T.Pees, Syracuse University, New York y Allegheny College, Pennsylvania, y se exponen en el Erie Art Museum.
Kancepolski, que reside en Buenos Aires, es un artista cuyas pinturas son vistas en Sud América, E.E.U.U., Israel, Europa.
Emotivas imágenes emergen de misteriosos y abstractos fondos. Su capacidad de reflejar honda sensibilidad y vertirla en infinidad de tonos y matices de estructura emocional y suma calidad plástica, confiere un sentido cautivante. La atracción, la profunda y enigmática mirada que de sus rostros se desprenden y nos acompañan, nos subyugan a tal punto, que nos cuesta dejar de contemplarlos.

La pintura de Kancepolski

Puro placer: en la biblioteca de Meadville Pensylvannia, se exhiben parte delas 21 obras de Juan Kancepolski, pertenecientes a la gran colección de arte internacional de Sam T. Pees en Allegheny College.
Este importante artista argentino cuyas obras son requeridas en Sud América, Estados Unidos, Israel y Europa, ha realizado numerosas exposiciones en diversos países del mundo con gran éxito.
Las especiales características de su labor pueden describirse como una perfecta síntesis plástico-poética. Sus imágenes de profundo contenido emocional sobre fondos abstractos y enigmáticos.
Sus obras han sido estudiadas y publicadas por destacados críticos y se encuentran en importantes colecciones internacionales.

Kancepolski y el misterio en el arte

Así como fue y lo sigue siendo el impresionismo, el cubismo abrió compuertas de auténticos descubrimientos, y más que ello, de posibilidades que hacen evidente hasta hoy su vigencia, al revés de tantas supuestas escuelas que, fueron “invenciones” del ingenio que necesitan su periódica renovación y una sustitución.
En el caso del cubismo en nuestro país, en la actualidad lo comprobamos con la personalidad de este artista que es Juan Kancepolski, y de quien, para una determinada comprensión de su lenguaje y de su estado de logros, en las salas del Concejo Deliberante -Perú 190- se exhibe una no muy frecuente cantidad de obras que justifican su privilegiada posición en nuestro desarrollo cultural.
Como un acertado resumen de su manera, y de contenido, presenta esta selección bajo el título de “Imágenes de la realidad y el sueño”, términos que en su pintura conjugan esa espiritual consecuencia de dos corrientes que aún con ser opuestas alcanzan en su manera a complementarse mediante ese lenguaje que sólo el arte puede proporcionar. Y si la manera técnica adoptada pudiera oponer alguna distancia para la cercanía con la realidad inmediata que el espectador desprevenido pueda necesitar, las soluciones que propone – deberíamos decir: resuelve- mediante el armazón del dibujo recogiendo las fluctuantes moléculas del color, permiten arribar “naturalmente” a esa solución que todavía seguirá siendo un misterio del arte.
Bien venida, entonces, una reunión de esta dimensión, realmente espectacular, de la obra de Juan Kancepolski, para que se dé el toque definitivo a su figura como uno de los valores más convincentes del arte actual argentino.

Imágenes de la realidad y el sueño

Acaba de concluir la muestra de este importante maestro argentino que a través de un trabajo silencioso y tesonero ha logrado construir una obra de singular importancia.
Su meticuloso grafismo, donde nada queda sujeto al azar, es merecedor del reconocimiento local e internacional que ha obtenido en su prolífica carrera.

Juan Kancepolski por los deltas del misterio

Cuando tuve oportunidad, por primera vez, de acercarme a la pintura de Juan Kancepolski, despertó tanto mi interés como mi atención, un hecho fundamental en ella: el de ser personal, distinta, dentro de un panorama superpoblado y hasta abarrotado, como el que nos rodea en lo relativo a las artes visuales. Y esa sensación deriva, esencialmente, del hecho de que esa pintura, sugestiva, cargada de ecos que parecen multiplicarse, los unos incidiendo sobre los otros, esté trabajada y edificada a partir del contrapunto, de la sucesión, del juego, de la yuxtaposición y hasta de la superposición de diversos planos, que estructuran la tela sumergiéndola en el misterio, y rescatando a la vez sus zonas en un gradual acceso hacia la luz, casi siempre sin apartarse de una gama tonal predeterminada, agotándola en todas sus posibilidades, construyéndola con sentido espacial, y dándole, así, relieve y profundidad, amplitud virtualmente sin límites, espacialidad.
Rostros y paisajes, dos formas de la realidad que a través de Juan Kancepolski ingresan en una dimensión de fuerte raigambre metafísica, como deshaciéndose de ataduras materiales, levantando y elevando a todo cuanto los rodea, y que forma parte de la composición. Aunque en extremos opuestos, algo hay en sus obras que me lleva a recordar la curiosa conjunción de los retratos de aquel tardío hijo del renacimiento, Lorenzo Lotto, donde la luz resbala sobre la figura humana, mientras se abren, detrás de ella, ventanas por las que entra el paisaje al cuadro, con sus sólo en apariencia casuales escenas, a espaldas del personaje, y que constituyen, empero, su idéntica razón de ser. La cuidada y cuidadosa parcelación de las superficies, en exacta armonía y en callado pero elocuente equilibrio, cada una de ellas válida e inseparable del resto; el atenuado pero palpable constructivismo que guía la segura mano de Kancepolski; las modulaciones, esfumadas, en que se demora su paleta; ese simultáneo estar y no estar de la luz (que no desaparece nunca por completo de sus cuadros), todo desemboca en un latido enigmático, que purifica y que enaltece al cuadro, que le da carácter de magia, donde lo cotidiano está, pero volcado hacia otra dimensión, que escapa a la percepción directa de los sentidos, para encaminarse por los diminutos deltas del misterio. Pintura que fulgura en insospechados reverberos, en destellos que hablan a media voz –nítida, clara- uno de los múltiples nombres de la poesía y su incesante, su certera y luminosa enumeración.

La facetación expresionista

Entre los jóvenes pintores de ya decantada madurez, Juan Kancepolski es, sin duda, uno de los que han alcanzado a definir en su obra una imagen más original, propia y reconocible.
Con alguna reminiscencia del cubismo - por la descomposición analítica de las formas- y del futurismo - por la singular dinámica de sus ritmos compositivos - no se inscribe, sin embargo, en ninguno de esos dos movimientos, sino que logra una interesante versión sincrética, límpidamente elaborada, en la que la desnudez y lógica conceptual, inteligentemente conseguida, de figuras, paisajes y objetos representados, se enciende con cierta pasión romántica, serenamente gobernada, que arriba a un determinado sentido expresionista.
Kancepolski parece inspirarse en el proyecto de Leonardo: "La pintura es cosa mental". La suya es obra hermosamente severa, en la que el arrebato romántico es sometido a una disciplina de verdadera higiene pictórica, que mitifica y transfigura la realidad a través de formas esencialmente plásticas, liberadas del sometimiento a lo copísticamente representativo.
Cierta incitación al misterio parece asomar en las figuras casi escultóricas, de mirada honda y distintamente expresiva cada vez.
Como quien lamina un diamante para hacerle rendir mayores y más diversas luces, Kancepolski faceta sus figuras y paisajes en múltiples planos, sin perder la cohesión y unidad del conjunto. Haces de luz que se entrecruzan, con límpida elaboración de la materia, o ritmos barrocos de aparente complicación, pero que nunca se desorganizan, dan a su pintura el aire de una labor de intelectualismo apasionado, que une, en la obra lograda, lo conceptual y lo mágico.
Se trata, pues, de una facetación sensible, que escapa a toda mecanización. El artista va directamente a la obra, sin boceto previo, y se deja conducir por ella en la elaboración morosa, como llevado por una música. Tonalidades muy elaboradas - azules, rojos, violáceos, verdes- en sucesivas y sutiles superposiciones del pigmento, manteniendo la limpidez y pureza del color, hacen de cada uno de sus cuadros una obra "terminada", pero trascendente, sugestiva, más allá de su cuidada perfección formal.
Algunos años de academia y pocos meses junto a Castagnino han dado a Kancepolski el oficio para ir decantando una labor que, en realidad, es casi totalmente el resultado de una porfiada e implacable experiencia de taller.
Sus mujeres de grandes ojos, sus arlequines, sus paisajes, alguna alusión al tema del tango, incluso con la representación de una especie de bandoneón fantástico, son siempre punto de partida para el logro de una "pintura-pintura" cuyo simbolismo y misterio se persigue y consigue a través de incomparables valores plásticos.

Juan Kancepolski exhibe sus obras

Con elementos propios que cambian de una etapa a otra, Juan Kancepolski, pintor de intensa y dilatada trayectoria, exhibe 18 óleos en una decana galería de arte situada cerca de Esmeralda y Córdoba.
Está representado con obras en museos y colecciones de E.E.U.U., Uruguay, Francia, Israel y Argentina.
Sus imágenes están plasmadas en formas que aparentan un sentido alegórico.
Es la resultante de combinar fuerzas espirituales y de su fantasía con el principio de la unidad formal, persistente por su perseverancia, constante e imperativa.
Es así, como en la organización de forma y color, actúa en calidad de influencia fundamental, el futurismo emancipado del movimiento anacrónico, imponiendo un orden nuevo, no conceptual que está protagonizado por un laberinto de metáforas plásticas que tutelan con sabiduría e inspiración, desechando, por supuesto, el ser abordadas por el pretendido caos que imprimen sus arabescos.
Defiende en sus obras la consistencia precisa de un mundo orgánico trascendente otorgándole, además, una mayor apariencia de síntesis romántica, sin dejarse intimidar por la fuerza emotiva, no obstante generar sin rigidez, análisis alternativos de insospechados equilibrios rítmicos con armonías y disonancias que necesitan la autonomía de formas, ya que las exigencias de ciertas gamas bajas que usa, imponen discreción en los designios de “vida y razón”, fundamentos contradictorios en los dominios de este pintor.
Sin embargo agrega desbordando sus propósitos intelectuales, variaciones válidamente expresivas en las obras que enriquece con un repertorio de gamas las cuales van facetando en formas de pulidos diamantes, intensos espectros de verdes, azules, rojos y violáceos que hablan del no agotamiento de su proyección.
Relevantes, casi espectaculares, resultan sus obras “Ofrenda” y “Elegía”. Destacables, “Remolinos”, “Imagen crepuscular”, “Nocturno”, “Imagen veneciana”, “Flores y mano”, “Imagen interior” e “Imagen nocturna”.
No creemos que Kancepolski, aparezca en sus obras subordinado por la rigurosa mentalidad geométrica. Si bien ordena formas con máximas exigencias que lo hacen parecer, teorizando y pensando demasiado en sí mismo, sus funciones expresivas lo encausan hacia una digna aventura, responsable de su investigación.

Pinturas y buen oficio

Los trabajos que Juan Kancepolski exhibe en el Centro Cultural Recoleta –Salas del Museo Sívori- indican que domina el oficio de pintor, y es precisamente ese conocimiento lo que le da sentido a todo lo que realiza.
Imágenes y símbolos se denomina la exposición, compuesta por una veintena de óleos cuyas dimensiones, en varios casos, son excepcionales. El sueño de la realidad y La aurora, las de mayor envergadura, aunque tienen proporciones diferentes, cubren respectivamente nueve metros cuadrados.
Una gran responsabilidad preside la factura de esas obras, que se definen y ajustan a una concepción estructural del dibujo que la pintura acompaña sobriamente, con mesura y contención.
A los 66 años, una presentación de esa naturaleza implica un compromiso retrospectivo y prospectivo, que afirma lo probado por una actitud mantenida con coherencia y con prudencia durante muchos años. Se da allí todo lo que puede dar un pintor que conoce profundamente lo suyo y que lo manifiesta de una manera profesional.
Varios de los cuadros son de inspiración musical; está dedicados a Bach, Beethoven, Debussy, Mozart, Schönberg y Stravinsky.

Carta de Jorge Glusberg

Las obras del pintor Juan Kancepolski me han resultado de mucho interés y me han sorprendido notablemente, por las evidentes cualidades plásticas que atestiguan. Por ello nos interesaría que sus obras se expongan en este museo.

Forma y significación

Una actitud distinta encarna Juan Kancepolski. Funda su pintura en la estructura, en la organización del cuadro, un planteo de formas y ceñidos colores, afacetadas aquellas, dispuestos en amplios y breves segmentos éstos, en la unidad de su estilo. Sus contactos con Lucio Fontana y Castagnino crearon en él una conciencia manifiesta en el uso de la metáfora plástico-pictórica. Valores de luz y sombra, y un rítmico dibujo lo hermanan al dinamismo futurista, en especial con Giácomo Balla, de significado simbólico. No le fue ajena tampoco la lección de Pettoruti en su ordenamiento formal abstracto y de Spilimbergo en su constructuvismo plástico.

(Romualdo Brughetti. Nueva historia de la pintura y la escultura en la Argentina. Ediciones Gaglianone. 1991)

Kancepolski y la auténtica originalidad

Aún cuando la rotunda personalidad de Pettoruti absorbió en determinado momento una tan curiosa como convincente atracción sobre el cubismo, después de la catarata de burlas que soportó con su histórica exposición de 1924, no se registra en el proceso de nuestro arte una adhesión generacional, ni siquiera en el período de su triunfo.
Por supuesto que hablamos de una manera. Por eso no deja de ser por demás sugestiva la actitud hacia algunos de sus principios que la fundamentan de un notable artista como lo es Juan Kancepolski y de quien, para confirmar sus bondades, se lleva a cabo en estos momentos una espectacular exposición en las salas nacionales, Posadas 1725.
Espectacular en el doble sentido de las riesgosas dimensiones de sus telas donde para sostener el ritmo se requiere un dominio sin restricciones de todos los resortes del cuadro – que en definitiva son los de la pintura sin subterfugios – y porque precisamente en el desarrollo de esas áreas el procedimiento justifica una vivencia que parecía limitadamente sintética, pero que Kancepolski amplía y profundiza hasta hallazgos que definen la maestría de los elegidos. Moverse con la seguridad con que se introduce en mundos que se acercan a la visión de una intrincada selva a la que se penetra no desbrozando sino reconociendo el valor de cada fragmento de vida poco menos que inédito, es una cabal demostración de que se poseen argumentos plásticos de una auténtica originalidad.
La muestra, digno broche para la terminación de la temporada, merecería una detención analítica en varios de sus aspectos, pero aunque sucintamente queremos hacer incapié en la serie realizada en homenaje a los músicos porque entraña una curiosa identificación con el espíritu de quienes, desde Debussy a Chopin, desde Beethoven a Mozart, pueden proveer al pintor de sugerencias de estados espirituales y antinómicamente plásticos, pero que Kancepolski halla, no con sugestión literaria sino en plena libertad interpretativa y con un poder recreativo tal que estos cuadros establecen un especial capítulo en nuestra pintura.

Kancepolski: rigor lírico

En el Palais de Glace, Posadas 1725, se exhiben 50 grandes óleos de Juan Kancepolski (n.1931), de más de una década de ahincada labor (1978-1991). La muestra ofrece rigor y cohesión en el desarrollo de un concepto plástico. Vecina a cierto constructivismo, señalada por cintas enlazantes de fina transparencia, armoniza la sugestiva fragmentación, casi cubista, con un predominio de lo poético, sugiriendo las correspondencias de un todo en el cual el rostro puede hacerse flor, o darse el proceso inverso.
En el particular homenaje a grandes músicos (Bach, Beethoven, Mozart, Debussy), por virtud de sus armoniosos ritmos y su alusión a lo sonoro, “la obra plástica de este creador -expresa el crítico y teórico Héctor J. Cartier- es una verdadera música para los ojos del contemplador”.

Kancepolski en el Palais de Glace

La repercusión alcanzada por la exposición que el pintor Juan Kancepolski realiza en las Salas Nacionales de Exposición –Posadas 1725- ha decidido que las autoridades de este organismo posterguen su clausura, prolongándosela durante le corriente mes. Como ya habíamos informado en nuestro comentario de la misma, se había iniciado el 12 de diciembre. Se trata, efectivamente, de uno de los notables espectáculos de la temporada, y certifica una vez más las excepcionales condiciones de este artista que, en esta oportunidad presenta un extenso panorama de su producción en dimensiones donde se pone en evidencia su dominio técnico y la simultánea trascendencia de su contenido.

Kancepolski y la robusta representación conceptual

"¿Qué es pintar - preguntaba León Bautista Alberti- sino captar toda la superficie de una onda?" Las palabras del gran arquitecto florentino del Quattrocento acuden fácilmente frente a los últimos cuadros de Juan Kancepolski - toda su producción en realidad- con su permanente movilidad, con su dinámica incesante, vitalizando las figuras que escapan, para manifestarse, al vértigo de su singular gramática plástica. Y es que el movimiento es sin lugar a dudas el gran protagonista de esta pintura que más que pintarse, parece ponerse en marcha y echarse a andar, quebrando el estatismo del plano. Un poco lo que se proponían los futuristas, explicitado magistralmente por las Formas únicas de continuidad en el espacio, de Umberto Boccioni o el Automóvil en movimiento, de Giácomo Balla.
Lo interesante en nuestro compatriota es que resolviendo sus preocupaciones a partir de una lúcida actitud de raíz intelectual, no desatiende por ellos los reclamos de un espíritu eminentemente romántico, sensible. Algunas de sus series, la de los Arlequines por ejemplo, así permiten constatarlo: una atmósfera misteriosa envuelve esos personajes fragmentados,
con algo de armónico "puzzle" - lo que configuraría cierto carácter lúdico de su obra- bellos en sus acordes cromáticos, a cuya total percepción se arriba por otros caminos que aquellos que parece anticipar su meditada elaboración y que supuestamente estarían reclamando una actitud similar en el espectador.
Es evidente que la de Kancepolski es una producción de vigorosa originalidad, una experiencia que le pertenece por entero, al mismo tiempo compleja y clara, opuesta por lo tanto a esa actitud tan frecuente en el confuso panorama del arte actual de quienes enturbian el agua para que parezca profunda. No es fácil el camino elegido ni está exento de riesgos, especialmente por el carácter de los arduos problemas que Kancepolski se ha propuesto. Pero está dotado de instrumentos valiosos, de una sólida formación plástica y de una robusta vertebración conceptual y a partir de ellos cualquier aventura es posible. Hasta la de poner en movimiento el mundo de las cosas quietas; lo cual es por sobre todo una intención eminentemente poética.

Kancepolski, espectacular restrospectiva

Una de las formas más convincentes de la pintura entendida como arte y no solamente como oficio es que la realidad que propone se compruebe insuflada de una dosis espiritual que justifique el enfoque personal en que se ubica el autor. Es decir, se puede repetir la naturaleza hasta el infinito y todas serán formas válidas de representación; recién cuando el artista inventa –para no enfatizar con la palabra crear- una nueva realidad en la que participa con sus descubrimientos, la obra entra ya en el terreno de su apreciación por el contenido. Ese contenido es precisamente la dosis de misterio que todavía mantiene el arte y que permite que el tiempo pase sobre las obras sin posibilidad de destrucción. Hablamos de los valores espirituales.
Nos volvíamos a hacer estas reflexiones ante la exposición que Juan Kancepolski realiza en el Centro Cultural Las Malvinas la savia de una autenticidad que concluye por afrontar el plano como si recién se lo entregara vírgen de pintura. Entonces como quien reacciona ante el desorden de la improvisación y lo instintivo, el pintor resuelve volver a la orquestación del conjunto, a la unidad de las partes armonizadas por una ley. Si por momentos en esa como explosión que se ha producido en el plano aparece el riesgo de la dispersión, la mano firme del pintor agrega a la composición esa dosis de inventiva que analíticamente se va orientando hacia la esquematización de las formas por su directo descubrimiento.
Una suma de valores efectivos concurren a vitalizar cada obra, vitalidad de lo estético a través de una fuerza de impulsos espirituales que hacen en la precisión de un rigor constructivo, pero que se mantienen fiel y empecinadamente libres en cuanto se refiera a la posibilidad de construir sus formas siempre abiertas a la expansión. Por eso, de la forma que lo realiza, de la manera técnica que ha alcanzado y del contenido que sabe dotar a sus motivos, nace esa inmediata sensación, frente a sus cuadros, que es hallarnos ante un artista original.

Simbolismos

En el Centro Cultural Las Malvinas –Galerías Pacífico. Florida 753- expone Juan Kancepolski óleos de mediano y gran tamaño (1959-1989).
Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Kancepolski es un perfeccionista cuya ahincada labor y acento propio le han dado una personalidad reconocible.
Ajeno a todo facilismo, a lo instintivo de lo gestual , con sincretismo feliz ha vivido en la corriente neocubista, en la dinámica del futurismo, en la sugestión de la pintura simbolista y fragmentando y recomponiendo la imagen o envolviéndola en ritmos tan complicados como los que ordenan el hacerse y deshacerse del universo, sus cintas transparentes enlazan, con sobria sugestión poética, imágenes en que, en secretas metamorfosis, una figura humana puede transfigurarse en paisaje o al revés, un paisaje puede asumir el rostro de una mujer. En las grandes cabezas femeninas, Kancepolski logra, en la conjunción de escuelas de suscitación diversa, una obra en la que parece latir cierta ambición de armonía pitagórica, en la que no falta la grandiosidad de lo muralístico.

Pintura existencial

Juan Kancepolski acaba de exponer, en las Salas del Centro Cultural Las Malvinas –Florida 753- una retrospectiva que atestigua qué valiosa ha sido su trayectoria recorrida desvelada e inspiradamente, por los a veces tan escurridizos territorios de la pintura. Muy fino artífice de las veladuras, en especial, con gran dominio tanto de la forma como del color, aplicando lo polifacético de sus cualidades a temas muy variados, pero observando siempre y con rigor, el máximo nivel en lo que a calidad se refiere, Kancepolski (cuyas telas se ven a menudo invadidas e impregnadas de penetrante melancolía, de corte inconfundiblemente existencial), consolida así el camino andado.

Esencialmente lírico

Las viejas experiencias, las que parecen relegadas definitivamente a otro momento de la historia del arte, aquellas que a veces son consideradas agotadas cuando no difuntas por decreto, siguen sin embargo, como si respondieran a la paradoja de Heráclito, vivas a pesar del transcurrir del tiempo. La obra de Juan Kancepolski puede llegar a provocar este tipo de reflexiones: en ella sobreviven, latentes, los desvelos de los viejos futuristas, el dinamismo, del que fuera Humberto Boccioni la expresión más avanzada. Y conserva toda la vigencia de la revolucionaria investigación que buscaba, como lo define el catalán Cirlot “La concepción lírica de las formas interpretadas en su infinito manifestarse”. O lo que alguna vez afirmé de esa producción del artista porteño: la de poner en movimiento el mundo de las cosas quietas. A partir de esa idea madre, que vuelve una y otra vez en las composiciones de Kancepolski, es innegable que accede a una latente originalidad, es decir la asunción de la propia individualidad, de sus propios aportes, frutos de un conocimiento preciso de lo que quiere lograr, visualmente, y las necesidades tanto poéticas como formales que lo impulsan. Instancias inseparables para él, una suma que define su personalidad en la que el sentimiento lírico y reflexión constituyen una verdadera y activa simbiosis.
No son pocos los riesgos a los que se expone una actitud como la suya. Puede convertirse en un mecanismo acaso convencional. Pero el pintor, cuya sólida formación plástica es evidente, no cae en ningún momento en la atrayente dicotomía, porque domina los mecanismos del equilibrio y no renuncia, por acatar las leyes de esa visión puramente formal, a la expresión de sus estímulos sensibles. Por eso es que sus obras, cuya raíz es eminentemente intelectual, nunca caen en la refrigeración que una actitud así supone, sino que no responde ante todo y por sobre todo, a la expresión de su mundo más íntimo, esencialmente lírico.

Kancepolski, muestra individual en la OEA

En la Organización de Estados Americanos se exhibe El espíritu de las formas. Una amplia muestra compuesta por un conjunto de obras que se destacan por un excepcional dominio técnico y asimismo por una fuerte y definida personalidad.
Atardecer bucólico es una muestra de su arte, de colores y formas ceñidas, austeras, que sugieren intemporalidad o, en todo caso, un futuro creado en las celdas más profundas de la memoria. Sueños regidos por un orden extraño, distante.

Pintura y lírica

A fines de 1977 cuando el llamado a ser periodístico lo enfrentó con Juan Kancepolski y su pintura para una nota, la formalidad inicial profesional se transformó en impacto visual, tanto por el cromatismo de esos cuadros como por las formas.
Allí estaba la decantación de un trabajo prolongado y disciplinado que llevaba a un dominio de los medios técnicos, donde no solo se imponía el manejo del color, sino las sutiles transparencias y los trazos musicales.
El arte de Kancepolski logra armonizar sin duda dos medios de expresión, la pintura y la música, un doble halago a la sensibilidad de quien se detiene frente a ellos.

Pinceladas a sobre abierto

Que el azar es un ingrediente insoslayable en la vida del hombre, lo está confirmando la realidad día a día. Por casualidad me topé un día en las cálidas tenidas de Galería Río de la Plata en Juan Carlos Gómez y Sarandí, con la obra de Juan Kancepolski y desde ese momento se dio una afectiva comunicación con Kancepolski pintor.
Argentino de nacimiento y con una sólida formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes, Kancepolski llegó en 1978 a Montevideo, invitado por galerías locales.
Ese mismo año, presentó veinte cuadros en Punta del Este y expuso asiduamente en Galería Knoll Internacional de Montevideo. Público y crítica saludó la presencia de un maestro. Obras con latencia mágica, donde la figura humana se parcela en fragmentos unidos por sutiles trazos, la segura mano de Kancepolski aparece modulando el espacio con sólido dibujo composición.
Pero así como la obra aparece compleja y a la vez transparente y a la vez de una sencillez humana que emociona.
Ensimismado en su hacer, elude la docta conversación y alienta los afectuosos silencios.
El mundo es ancho y ajeno, pero no para aquellos que lograron dominar el fuego de la creación.

Ritmo y color

En el Knoll International se realiza una muestra individual del artista argentino Juan Kancepolski. Su figuración se proyecta en la estilización de las formas, buscando el aspecto espiritual, y deshechando todo aquello que no exprese el sentido sensible que acusa el artista frente al motivo.
Este, que tiene su visión primera en la naturaleza, se convierte poco a poco dentro de esa red que traza el artista en una idealizada personificación de su teoría.
Toda la estructura se mantiene en la musical vivencia de un poema que no claudica.

Juan Kancepolski en Montevideo

Actualmente la existencia de una academia de Bellas Artes por lo que todo aspirante a plástica debe pasar hace de Buenos Aires una plaza exigente, un medio competitivo duro, donde el alto nivel técnico es la consecuencia directa de una escuela, que abre los ojos a las nuevas tendencias del arte, en otras partes del mundo y aplica en sus aulas el disciplinado ejercicio de adoptarlas y adaptarlas, para mejor expresar una cultura nacional.
Acá, en Montevideo, tenemos como ejemplo de lo antedicho las obras de Juan Kancepolski expuestas en Knoll International; conserva este pintor la fidelidad fotográfica del hiperrealismo, en imágenes que recuerdan la transparencia de los negativos, sobre fondos geométricos facetados hasta el infinito, merced a una técnica impecable que multiplica las veladuras y descomponen cada color hasta el límite de los matices.

Juan Kancepolski y el drama mismo de lo humano

Los signos de nuestro tiempo son la difusión, la multiplicación, la comunicación y en los catálogos de pintura de todo el mundo se inscriben suficientes nombres como para hacer la Historia del Arte, varias veces, pero en suma si hay muchos mas pintores “conocidos” o tal vez sea mas preciso decir más hombres que pintan, no ha variado tanto el número de artistas, y el arte sigue siendo excepcional.
Juan Kancepolski es un artista y un hombre que aspira a la posesión y expresión de lo soñado, porque si bien ya trae indudablemente en su bagage el “Angel” de la belleza, lo sustenta en una sólida formación técnica, en el rigor de lo auténtico y por encima de todo, en la disciplina y la modestia y su propuesta visual, es la sutil animación de seres y objetos transfigurados por el sueño y por una poderosa inclinación a retener lo inasible.
Quien se halla maravillado por el juego leve y cambiante del humo, de la bruma o de la misma luz, reconocerá “En los rostros femeninos, en las manos, en los pliegues, en los cabellos, en los misteriosos arlequines de Juan Kancepolski, la transparente mutación de lo bello, de lo efímero y por lo tanto del drama mismo de lo humano”.

Juan Kancepolski en Espacio Rubbers

La primera impresión que se tiene al enfrentarse con la exposición de Juan Kancepolski en Espacio Rubb’ers, es la de esa sorpresa que sentimos al saber que un artista de tan logrado poder expresivo, haya podido o dispuesto esperar tanto tiempo para llegar a ese acontecimiento. Porque al margen de las observaciones que puedan hacerse de su pintura, y ello por supuesto de acuerdo al criterio estético de quienes lo juzguen, no se pueden eludir la afirmación de hallarse ante un artista poseedor de un lenguaje que define una personalidad.
La primera evidencia de ese lenguaje es la manera en que va haciendo aparecer las formas mediante la interpretación de partículas de color, de pequeños planos, laboriosa y exacta, haciéndolas coincidir con la creación del clima; y lo aparentemente fragmentario de los elementos de su composición, armonizan en la realización total.
Su proceso no consiste en buscar la apariencia tridimensional que se obtiene por el modelado; pareciera que Kancepolski procediera al revés; es decir, por una representación planimétrica contrastante asentada por las veladuras que se promueven por el paso de una zona a otra, aparece la forma que así se puede considerar original, ya que es una manera de calificar el plano.
No hay duda de que nos hallamos ante un valor de considerables consecuencias, por la suma de conocimientos y el estado de logro alcanzado.

Las singulares pinturas de Juan Kancepolski

En Espacio Rubbers (Florida 927), las singulares pinturas de Juan Kancepolski. Dueño de una técnica personal e infrecuente, las sobreimpresiones, a trabajar por separado pequeñas zonas de la tela que luego ganan notablemente en el efecto total, un poco a la manera de los cubistas, que construyen parcelando, y otro poco gracias a una óptica muy personal, el artista consigue efectos inmejorables en sus obras en las que el diseño meditado, serenamente calculado en todas y cada una de sus proyecciones, se une a una muy particular valoración del color, trabajado en escalas que excluyen por completo los halagos fáciles, para adentrarse en cambio en una seriedad fuera de lo común. Trabajos responsables, reflexivos, profundos, y la sensación de estar ante alguien que, aún cuando expone en público por primera vez, transmite la seguridad, la fortaleza y la paz de quienes han recorrido ya, tan largo como positivo camino.

listen escucha